PROGRAMA ICONOGRÁFICO DEL ORATORIO DE LA COFRADIA DE LAS PENAS. MÁLAGA.
De las tres grandes religiones monoteístas el cristianismo es la única que admite el culto a las imágenes sagradas y su representación antropomórfica, de ahí la importancia en el cristianismo del Arte, y por ende la pintura.
En la historia del Arte cristiano tiene gran relevancia la pintura mural, desde el arte paleocristiano y bizantino hasta nuestros días. Obras como la Capilla Sixtina de Miguel Ángel, La vida de S. Francisco de Giotto, La Última Cena de Leonardo da Vinci, Las cuatro Estancias de Rafael, El triunfo de la Divina Providencia de Pietro da Cortona o La Apoteosis de San Ignacio de Padre Pozzo han dignificado este Arte. El gran centro de la pintura mural es la Roma renacentista, de la cual se expande al resto del mundo cristiano hasta nuestros días.
Pintura en el Oratorio de las Penas:
Pared frontal del Arco del Presbiterio
“Y, aunque es cierto que en sentido estricto, propio y absoluto, tan sólo Jesucristo —Dios y hombre— es Rey, también María, ya como Madre de Cristo Dios, ya como asociada a la obra del Divino Redentor, así en la lucha con los enemigos como en el triunfo logrado sobre todos ellos, participa de la dignidad real de Aquél, siquiera en manera limitada y analógica. De hecho, de esta unión con Cristo Rey se deriva para Ella sublimidad tan espléndida que supera a la excelencia de todas las cosas creadas: de esta misma unión con Cristo nace aquel regio poder con que ella puede dispensar los tesoros del Reino del Divino Redentor; finalmente, en la misma unión con Cristo tiene su origen la inagotable eficacia de su maternal intercesión junto al Hijo y junto al Padre.”
Esto nos dice Pio XII en su encíclica Ad Caeli Reginam, por tanto el fundamento principal, documentado por la tradición y la sagrada liturgia, en que se apoya la realeza de María es, indudablemente, su divina maternidad. Y así aparecen entrelazadas la realeza del Hijo y la de la Madre en la Sagrada Escritura y en la tradición viva de la Iglesia.
Los títulos y grandezas de Nuestra Señora son todos reflejos, en cuanto que, arrancando frontalmente del Hijo, reverberan en la Madre, y la realeza no había de ser excepción.
Esta relación de Realeza de Cristo unida a la de María Madre de Jesús quedará plasmada en la pintura mural del Oratorio. Mientras el techo está dedicado a la Coronación y por tanto Realeza de la Virgen en su conexión con el Apocalipsis de S.Juan la parte frontal y trasera se vinculará a la Realeza de Cristo.
En la pared frontal y trasera aparecerán personajes del Antiguo Testamento que prefiguran o profetizan la Realeza de Cristo. Los personajes son los siguientes:
- Moisés: Tiene numerosos paralelos en su vida con la de Jesús. Es el símbolo de la Antigua Alianza con Dios y que recibe la ley, mientras que Cristo representa la Nueva Alianza; Moisés y Elías aparecen junto a Cristo en la Transfiguración, manifestación de la naturaleza divina de Jesús.
- Elías: Moisés y Elías, según los versos litúrgicos, no son solamente las más grandes figuras del Antiguo Testamento quienes vienen adorar en la Transfiguración al Hijo de Dios en gloria, ni tampoco son meramente dos de los varones santos a quienes Dios se reveló en las teofanías prefigurativas de la Antigua Alianza de Israel. Estas dos figuras en verdad representan el Antiguo Testamento mismo: Moisés representa a la Ley, y Elías a los Profetas. Y Cristo es el cumplimiento de la Ley y de los Profetas (Mateo 5,17).
Estos dos personajes son los que ocuparán el frontal del Oratorio quedando el Stmo. Cristo de la Agonía en el centro de la composición.
Bóveda del Presbiterio:
En este espacio se sitúa una glorificación del Nombre de Dios en hebreo, Yavhé enmarcado en un triangulo. A modo de sol la luz resplandece sobre los ángeles que adoran el nombre de Dios, esta pintura se sitúa sobre el Calvario.
Cartelas:
En las paredes traseras se sitúan en cada paño unas molduras a modo de placa con el texto de la Primera piedra y con el de la Consagración del Templo; sobre dichas cartelas se sitúa correspondientemente el escudo pontificio de Pio XII y Benedicto XVI. |